Neoliberalismo y Catástrofe o La catástrofe del Neoliberalismo



El neoliberalismo ha sido antes que nada un movimiento cultural. El sociólogo húngaro István Meszáros se refiere a ello como “reproducción sociometabólica del capital” y de esa manera da cuenta de la subjetivación profunda de dicha lógica. Todos los aspectos de la vida del hombre fueron cooptados por la misma. Ello supone un intenso anclaje en el individualismo más acérrimo por oposición a una lógica solidaria.

Recuerdo cuándo niño, por allá, por la década de los 60’, mis vecinos dando cuenta de la protección y cuidado de cada niño del barrio, como si fueran propios. Tanto a la hora de velar por nuestra seguridad, como de promocionar a cada uno de nosotros hacia una vida solidaria y de inserción colectiva. La ayuda mutua a la hora de superar adversidades era una herramienta fundamental. Me viene a la mente la imagen de mi padre junto a otros vecinos, armando una “vaquita” para hacer frente al velatorio y sepelio del papá de unos amigos. El montaje cultural neoliberal se encargo de desarmar toda esa rica cultura solidaria que llevo al hombre a creer persistentemente en que su vida y sus posibilidades de reproducción siempre son colectivas, sociales. A cambio, emerge en los últimos treinta años, el “sálvese quien pueda”. Como consecuencia de ello pudimos ver a fines del 2001, como cada argentino “hacía la suya”, en cada saqueo a supermercados y aún en la falta de organización para enfrentar al poder armado en las calles de las diferentes ciudades del país.

Lo mismo de advierte hoy en un Chile neoliberal sumido en la catástrofe mas importante que haya sufrido el país trasandino en los últimos treinta años. Y volvemos a vivir a través de los medios de comunicación y en directo, lo que ya tantas veces se nos presentó como tragedia. No hay sociedad sin solidaridad, solo apenas un grupete más grande o más chico de hombres y mujeres viviendo en un mismo territorio. Eso es Chile hoy y en algún sentido todavía lo es nuestro propio país. Una consecuencia directa de este fenómeno, es el intento de superar la anomia por la fuerza. Por ello, ante tanto dolor, la primera reacción es individual, “otra vez el sálvese quien pueda”, otra vez el saqueo y que cada quién se lleve lo que pueda. Del otro lado y para “superar” tanto dolor, solo se atina a enviar a las zonas afectadas por el sismo, a militares que puedan reprimir a la población hambreada frente a la posible violación de la propiedad privada.

El proyecto neoliberal desarticula la redes de contención, subyugando a la población y seduciéndola con un mensaje que machaca en las posibilidades de autoconstrucción yoica solipsista. El objetivo final es desarticular cualquier posibilidad de resistencia colectiva a los procesos de concentración de la riqueza y acumulación bajo la lógica aquí expuesta. El problema, es que frente a sucesos como los que lamentablemente le toca vivir a nuestros hermanos chilenos, no hay respuestas colectivas, solo anomia. Frente a ello, represión y toque de queda. A los argentinos nos vendría bien tener presente los sucesos trasandinos, ya que no solo las catástrofes naturales ameritan estas salidas en un esquema neoliberal. Testigos de ello, Kosteki y Santillán. No los olvidemos, o volveremos a perder el rumbo que nos lleve del mero amontonamiento territorial a la construcción de una sociedad que valga la pena ser vivida.
José Manuel Grima.