Dos modelos. Un país.

La discusión que se viene dando en el Congreso de la Nación está directamente relacionada con la confrontación de dos modelos diferentes de país.

De un lado se impone el desarrollo de estrategias que apuntan a la expansión de la riqueza social a través de la inversión en el aparato productivo. Se entiende que en éste proceso el rol del Estado es fundamental para generar las condiciones necesarias que apalanquen dichas inversiones en el sector privado. Expandir la economía, se comprende, que es profundizar la demanda de empleo y la oferta de bienes que frenen la inflación generada por un estrangulamiento en la demanda.

En la vereda de enfrente, la propuesta es enfriar la economía a través de dos cuestiones fundamentales; la primera sentarse sobre las reservas acumuladas en el Banco Central generadas por el modelo explicitado anteriormente y segundo pagar la deuda con un ajuste en algunas variables de la economía.
Cabe destacar que de no cumplir con el sector externo usando las reservas de libre disponibilidad, se deberá buscar obtener los recursos de otro lado y allí aparece la rediscusión del presupuesto para llevar adelante el citado ajuste. Bien se podría aprovechar para elevar la tasa impositiva que se paga por ganancias y bienes personales obteniendo de allí los recursos necesarios para honrar la deuda. Pero los Senadores de la oposición, están mirando al mismo actor social que siempre paga los costos de su irresponsabilidad, los trabajadores. Ajustar, es de esa manera, reducir salarios o congelarlos suspendiendo paritarias, no aumentar las jubilaciones y pensiones, reducir la asignación universal por hijo, bajar en algún punto del PBI lo destinado al sistema educativo, etc.

Son dos modelos en pugna que juegan su suerte en la arena política. Y en éste último rubro mucha tinta viene corriendo en las redacciones y otras tantas palabras en los medios de comunicación radiofónica y audiovisual. Es tanta la fragorosa batalla que uno termina confundido y lo que es peor, descorazonado, desangelado, depresivo. Esto es lo peor que nos puede pasar como comunidad, recordemos la admonición de Don Jauretche en el sentido de no perder la alegría. Para aportar un poco de esperanza frente a tanta desolación, viene a mi memoria un trabajo espectacular del conservador norteamericano Henry Kissinger. Es su trabajo doctoral y lleva por titulo “Un mundo restaurado”. En el mismo, el genial diplomático conservador (Aquí le diríamos gorila) detalla la producción de la Santa Alianza por parte del Príncipe Metternich en su intento de frenar sobre toda Europa los avances de la Revolución Francesa.

El intento fue exitoso. La Santa Alianza cumplió los objetivos para los que fue creada, pero con una aclaración que no es menor, “en la coyuntura”. ¿Que quiere decir esto?, que la historia avanza a cara limpia o de manera soterrada. La etapa de la historia europea que describe Kissinger, significó el retroceso coyuntural de una revolución, cuyos principios fundantes se impondrían finalmente de manera avasalladora a lo largo de la historia, si nos remontamos a un análisis de ésta última como totalidad.

Por ésta razón y sobrevolando sobre este crispado momento, la situación se nos presenta con mayor claridad. La dictadura genocida del 76 fue necesaria para hacer retroceder a los sectores populares y trabajadores en sus conquistas ganadas por la lucha emprendida el 17 de Octubre de 1945. Hoy no están dadas las condiciones para repetir aquella ignominia y mas allá de éste momento circunstancial, las conquistas de estos últimos seis años no caerán en saco roto. No será tan fácil, hacer retroceder a los sectores trabajadores en sus conquistas. Esto no significa quedarse sentado en casa a la espera de que ocurran lo acontecimientos. Hoy más que nunca debemos prestar atención a aquella veja canción de Silvio Rodríguez que nos hablaba de sillas que nos invitan a parar. No nos dejemos seducir por la tentación de sentarnos, salgamos a la calle, reconquistemos el espacio público que nos pertenece por historia y repitamos, - con la convicción de quien avanza hacia la victoria -, una vez mas aquella vieja, actual y nunca gastada consigna, “No pasarán”.

José Manuel Grima